miércoles, 20 de agosto de 2014

CAPÍTULO 16


CAPITULO 16

El TÍO EMILIO

 

Carlota tenía las piernas enterradas en la pesadilla de la cerdita, y como nos advirtió el Quiosquero Lolo, salían “un puñado  repetias”.

_Mamá, mamá….oooooooooooooootra que ya me ha salido_jeje.

Comencé a pensar en los Hidratos y en las raciones como nos comentaron. Y me sorprendió la capacidad con la que mi cerebro no dejaba entrar información nueva. No quería aprender, esa es la conclusión a la que llegué. No quería saber nada. Ya me había pasado anteriormente. Aún no habían transcurrido ni 24 horas de su diagnóstico. No quería, o no podía. Pero mis neuronas sólo pensaban en dar amor a mi chiqui sweet.

Alfredo se dio cuenta. Y aunque lo niegue un millón de veces sé que habló con Manolo. Y ambos llegaron a un acuerdo. Necesitaba mi tiempo. Se dedicarían a estabilizar a Carlota puesto que su sangre aun no se había limpiado de la palabra maldita (azúcar) y a ponerle la insulina correspondiente, yo aún no estaba preparada. La fuerza vendría unos días después. Me estaba centrando en la felicidad de la pequeña, y nada más.

Manolo, por ese día nos dejó en paz, además le vino que ni pintado, tenía otros menesteres, como atender al hijo de Isabelita. Ele.

Entra Bea:

_Carlota, ha venido tu tío, pero no puede pasar. ¿Quieres que te incorporemos para que te vea por los cristales?

_Un momento_salté como un resorte. ¿¿¿¿¿¿Qué tío??????  Se erizaron todos mis pelos tanto de los brazos como de las piernas, no estaba depilada, para variar.

_Dice que se llama Emilio, y además le veo un poco triste, vamos que se está pegando una Pechá* de llorar que nos tiene a todos encogidos.

 

Emilio, maldita sea, no me había acordado. Es mi hermano. Quizás no está bien que yo lo diga, o…. ¡qué leches! Claro que está bien. Allá vamos.

Emilio es la persona más noble, buena y adorable sobre la faz de la tierra. No hay otro igual. Por mi hermano soy capaz de todo. Pocas personas tienen la virtud de hacernos sentir tan especiales. Es una suerte, nunca nunca nos va a fallar. Puede ser un desastre en cuanto al orden se refiere, calcetines escondidos, papeles acumulados, camas sin hacer…todo lo que queramos, pero se le perdona . Es alguien inigualable. Es mi hermano, me ha tocado , y como él, no existen dos.

Emilio es extremadamente sensible. Eso nos preocupaba, ya lo vamos manejando. Todas las cosas “no tan buenas” que puedan ocurrirnos han de prepararse antes de contárselas. Si normalmente dar malas noticias no es del agrado de nadie, dárselas a Emilio puede provocar insomnio o malestar estomacal antes de soltarlas. Y sin embargo, estaba allí. No me había preparado para recibir ninguna visita, muchísimo menos si la primera, era la de mi hermano.

_Bea, dile que ya salgo, dame un minuto.

Agarré la mano de Carlota y le dije que cuando Bea contara hasta tres subiera a la cama sin que le dieran muchos tirones los cablecitos y lanzará un millón de besos a su tío Emilio. Pero que antes tenía que salir yo para que estuviera preparado.

Inspiré, fuerte fuerte y salí de la UCI.

Mi hermano estaba sentado en una silla, con las manos sujetando la cabeza. Me acerqué a él y le abracé. Saqué la sonrisa más amplia que tenía y hablamos.

_Emilio, lo vamos a hacer muy bien. No sabes lo contenta que está Carlota. Lo mimada y consentida. Todos están locos con ella. Ni fiebre, ni dolores ni nada de nada. Estamos contentísimos. Llegamos a tiempo, y se puede vivir perfectamente con diabetes. Es una niña normal, sana y que necesita que le pongamos insulina. Nada más.

(¿yo he dicho eso?...¿véis? Emilio me da la fuerza que necesito)

_Quiero verla_¿puedo?

_¡Claro! Desde aquí.

Nos pusimos en la entrada de la Uci, asomé la cabecita y Bea me vió. Alzó a Carlota y estiró mucho mucho los brazos hasta que Emilio pudo verla. Lanzó todos los besos que pudo y se partió de la risa. Y de nuevo, la puerta se cerró.

Emilio y yo nos abrazamos, lloramos y nos consolamos.

_¿y la pegatina en la frente de Peppa Pig?

_Anda, bajemos a la cafetería y te cuento.
 



*Pechá: Más que una mijilla y menos que un pasote